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Ruta De puente a puente: La crónica

 

_3189315.jpgCuando nos planteamos hacer la ruta «de puente a puente», desconocía los caminos que nos esperaban, la ruta planteada, las dificultades (mínimas) que tendríamos que pasar y hasta la historia de la mayoría de sitios sobre los que íbamos a transitar, pero, ya en la preparación descubrí que los paisajes variaban profundamente si los hacías sobre los puentes (que era como los había hecho hasta entonces) o si los hacías bajo los mismos, que es como hemos realizado buena parte del trayecto. _3309340.jpgY desconocía gran parte de la historia de Valladolid. Creo que como yo la mayoría de los que han hecho esta ruta no eran conscientes de que, a diario, caminábamos (o pedaleábamos) sobre un río, un río oculto, un río subterráneo, como El Esgueva, callado, tranquilo, pero que hasta no hace mucho ha sido parte (y parte importante) de la ciudad y que aún sigue dejándose descubrir en algunos tramos, aunque sea solo en forma de placa recordatoria de lo que un día fue. Junto al Esgueva, como patrimonio oculto, hemos podido saber algo más del patrimonio desparecido de nuestra -a veces querida, a veces odiada- ciudad. _3309366.jpgMuchas veces pasamos sin mirar, con prisa, sin calma, por encima de sitios y lugares que nos pueden llevar a otra época, a otros lugares, ¿cuántos éramos conscientes de qué Miguel de Cervantes y su Galatea están inmortalizados en el Puente Mayor? (al menos una parte). ¿Quién imaginaba que durante 800 años, la única forma de atravesar el Pisuerga era a través de un solo puente? ¿Quién podía suponer que un espía iba a redimirse construyendo un ingenio que permitirá abastecer de agua a toda la ciudad? _3309376.jpgEl agua, ese preciado bien de cuyo valor no somos conscientes, ha tenido mucho que ver en la vida de Valladolid. La desembocadura del Esgueva permitió «crear» luz, dar electricidad y poner en valor lo que la naturaleza ofrece. Permitió, además, establecer lugares de ocio y disfrute, que en parte aún se utilizan. _3309403.jpgPero el agua también trajo desastres, inundaciones y muerte. Las riadas tuvieron una presencia continua en nuestra ciudad. ¿Quién imagina hoy la calle Platerías inundada? Pensad en la gente huyendo, corriendo a refugiarse hacia la Antigua o la Catedral, zonas que nos parecen tan alejadas del Pisuerga que casi no podemos ni imaginar que el agua sea capaz de llegar hasta allí. Pero no podemos olvidarnos del Esgueva que, de nuevo, se hace protagonista en gran parte de las inundaciones que ha padecido nuesta ciudad. _3189334.jpgY el agua también permite que se muestre el ingenio de la naturaleza humana. Nuevos puentes para salvar el río, nuevas ideas que buscan soluciones ingeniosas para poder cruzar de un lado a otro. Falsedades que se extienden y permanecen en el imaginario colectivo como si fueran ciertas. ¡Pues ahora resulta que Valladolid no tiene ningún Puente Colgante y el así llamado de colgante solo tiene el nombre! Pero lo más importante es «tender puentes» y eso es lo que hemos hecho con la ruta. Es interesante conocer nuevas facetas de nuestra historia, pero lo mejor ha sido descubrir a gentes que, como los «ascivos», pedaleamos en nuestro devenir diario y, de vez en cuando, nos juntamos para hacer cosas como esta. _3309400.jpg_3309399.jpg_3309396.jpg_3309394.jpg_3309385.jpg_3309365.jpg_3309363.jpg_3309356.jpg_3309342.jpg Salud y pedal Agradecimientos -A Marcelo, por currarse conmigo el trayecto, aunque finalmente no pudiera venir -A Jesús, por buscar, documentar, ordenar y trascribir, la información sobre los puentes y elementos del río. (Próximamente subiremos los documentos para el que esté interesado), -A Carmen y a Roberto, por colaborar conmigo en las explicaciones y evitarme el desgañitamiento. -A David, por los pasteles y por llevarme la cámara y hacer fotos -A Gonzalo por las rosquillas -A todos los que habéis venido, porque es, en definitiva, el motivo por el que organizamos estos eventos.

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De puente a puente y pedaleo porque me lleva la corriente

De Valladolid siempre se ha dicho que tenía dos barreras: el río y la vía del tren. La segunda siempre me ha parecido una cicatriz mal curada, pero la primera, el río, nunca me ha parecido una barrera, sino una oportunidad, sino un nexo de unión. Una ciudad con río ha de ser una ciudad con puentes; puentes tendidos entre ambas orillas, puentes que unen, puentes que abrazan los diferentes barrios de la ciudad. En nuestra próxima ruta, queremos recorrer alguno de esos puentes y ver cómo unen, como cosen y como entretejen nuestra ciudad. La ruta, a buen seguro os hará ver la ciudad, el Pisuerga, sus puentes y sus riberas, de otra forma. La ruta tendrá una duración de unas 2 horas más o menos y pretendemos acabar con un almuerzo, compartiendo la comida que todos (o algunos) llevemos. Casi toda la ruta discurrirá por carril bici o paseo fluvial, por lo que no se solicitará permiso. En los tramos de calzada circularemos vehicularmente*. -¿Cuándo? El domingo, 30 de marzo -¿Dónde? En la confluencia de la calle Santiago con la plaza Zorrilla -¿A qué hora? A las 11:30 horas. -¿Es necesario inscribirse? Sí, hazlo en el formulario inferior hasta el 28 de marzo -¿Qué hay que llevar? la bici y si te vas a quedar a comer algo de comida/bebida Foto: Marcelo

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Por si no pudiste ir: «Con nombre de mujer», ruta, explicaciones, fotos y vídeos

_3089238.jpgPLAZA ROSA CHACEL: DE LA ESTIRPE DE MUJERES CREADORAS Las mujeres dotadas de talento del siglo XIX, ya fueran pintoras, escritoras o músicos, reivindicaron un territorio propio, ampliaron las opciones de las mujeres privilegiadas a lo largo del siglo XIX, con muchas limitaciones, pero las ampliaron. Hacía 1900 una mujer podía realizar su deseo de escribir, pintar o interpretar música en público y se iban ganando las batallas iniciales por el estudio y el conocimiento, en 1910 se volvieron a abrir las universidades para las mujeres españolas. _3089232.jpgEn este contexto nace la sobrina nieta del poeta José Zorrilla, Rosa Chacel Arimón, en Valladolid, un 3 de junio de 1898, en una familia liberal y en un ambiente artístico (“Desde el amanecer”). Educada por su madre, maestra, en 1906 se traslada a vivir a Madrid (“Barrio de maravillas”). Ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando para cursar escultura en 1915, abandonándola en 1918 para conectar con las grandes corrientes de pensamiento y la vanguardia de la época, su espacio se traslada al Ateneo, donde dará su primera conferencia: «La mujer y sus posibilidades», la tertulia de La Granja del Henar, etc. Casada en 1921 con el pintor Pérez Rubio al que acompaña a Roma en 1922 iniciándose la etapa de su vida señalada como la “experiencia europea”. Durante este período estudia, lee, publica, tiene a su hijo Carlos, (“Estación. Ida y Vuelta”, “Teresa”, poesía en “A la orilla de un pozo”). Implicada en la causa de la República, Pérez Rubio realizó la evacuación de las obras del Prado, parte al exilio en 1937. Asentada la familia en Río de Janeiro desde 1940, reemprende la tarea literaria publicando artículos y obra de creación (“Memorias de Leticia Valle”), sin embargo la necesidad de atender a la subsistencia impide llegar a buen puerto numerosos proyectos. Una beca de la Fundación Guggenheim, en 1959, otra de la Fundación Juan March y la vuelta a España en los años 70, definitiva a la muerte de su esposo en 1977, da lugar a una nueva etapa deslumbrante y fecunda (termina “Barrio de Maravillas” y siguen muchas más), haciendo de ella una figura habitual e imprescindible en el panorama cultura y literario recibiendo reconocimiento y premios (de la Crítica, Nacional de la Letras, de Castilla y León, etc.) Fallece en Madrid el 29 de julio de 1994 y reposa en el Panteón de vallisoletanos ilustres. _3089235.jpg_3089241.jpg _3089255.jpg CALLE TERESA GIL: LAS MUJERES DE LA NOBLEZA Y LOS MONASTERIOS MEDIEVALES Teresa Gil, nacida cerca de 1260, nos da pie para hablar de las mujeres de la nobleza y los monasterios durante la Edad Media. La fe en la Iglesia, en los santos, el poder de los sacerdotes proporcionaba a mujeres y hombres consuelo y un sentido de control sobre la naturaleza impredecible de sus experiencias. En los siglos XI al XIII se revitalizó el nivel de experiencia religiosa de la Iglesia primitiva, «la de la igualdad de todos los creyentes» haciendo a las mujeres, a través de su fe, potencialmente iguales a los hombres, iguales a los ojos de Dios. Por medio de la fe cristiana la mujer aun podía justificar una vida alternativa al margen del matrimonio, los temores masculinos persistían (Eva y la caída). Dados los peligros inherentes a su ser, la vida religiosa debía de limitarse y preservarse con rigor, así se prohibieron los monasterios dobles y se estableció que la mujer estuviera rigurosamente enclaustrada. _3089253.jpg Las mujeres privilegiadas ingresaron en el mundo espiritual de la monja, por razones espirituales y por consideraciones prácticas. Todas eran mujeres de buenas familias, hijas o ex esposas de hombres con prestigio y propiedades. Las que pertenecían a una casta inferior se hacían hermanas laicas o podían ser empleadas como campesinas para trabajar las tierras de las monjas, lavar la ropa o cocinar. Se regulaba su vida en días de plegaria por una misma y los demás y la confinación en la comunidad espiritual. Las mujeres hallaron la forma de distender los límites de sus metódicos días: escribían cantos, estudiaban y leían los textos juntas, cosían y bordaban, algunas siguieron enseñando, ahora a las hijas de amigos y familias. Como para su existencia material necesitaban romper la enclaustración, la abadesa o la priora debían romper los votos que implicaban aislamiento del mundo secular, entrando en conflicto con sus superiores masculinos. De Teresa Gil se sabe muy poco, debió de nacer en torno a la década de 1260 en la zona de Guimaraes, en el seno de una familia de la pequeña nobleza portuguesa que se desplazó a Castilla, se puso al servicio de su corona y ascendió por privilegios, alianzas matrimoniales, donaciones, compras, etc., entrando a formar parte de circulo de confianza del rey. Sabemos de ella que tuvo que ver con las dueñas que estaban en un pequeño beaterio que, destruido al sufrir un incendio, fueron recogidas por la reina María de Molina, esposa de Sancho IV, junto a su palacio en las Huelgas Reales. Dicho rey la nombró abadesa perpetua de dicho monasterio que pasó a regirse por las reglas del Cister, pero ella nunca profesó, ni utilizó, como era frecuente, el hábito cisterciense como sudario, sino un rico vestido. Recibió de Sancho IV reconocimientos, bienes y privilegios, otros los adquirió o recibió por herencia, en suma acumuló gran cantidad de bienes lo que le valió el apodo de rica hembra. El amparo real que recibió ha hecho sospechar a algunos historiadores. Teresa, nuestra rica y misteriosa portuguesa, debió de ser amante de Sancho IV, se piensa que cuidó mantener en secreto algunos pasajes biográficos que debió de contemplar como objetivos probables de la mordacidad y la censura moral de sus contemporáneos. Su mas reciente estudioso opina que no, que lo que recibió fue por la posición de su familia en el entorno real. En su testamento, las mujeres son citadas en aproximadamente en la mitad de sus mandas para recibir distintas cantidades y derechos, son criadas, doncellas, cobijeras, pero también conventos de monjas, ‘frailas’ y «menoretas». Fallece en Zamora en 1310. Sus restos reposan en el convento Sancti Spiritus de Toro. _3089258.jpg_3089262.jpg_3089264.jpg _3089267.jpgCALLE MARIEMMA: DE LA ESTIRPE DE MUJERES CREADORAS Guillermina Teodosia Martínez Cabrejas, más conocida como Mariemma, una de las más importantes bailarinas de la historia de la música española, nació en la localidad vallisoletana de Íscar en 1917. Con dos años se traslada a París con su familia dónde acudirá a la Escuela de Danza Clásica del Teatro Châtelet de París. Mariemma estudió con las mejores maestras y maestros, así madame Gontcharova la proporcionó una sólida formación en danza clásica, asistía a los espectáculos de “La Argentina” en París, el Maestro Miralles la introdujo en la escuela bolera y Amalio Cuenca en ritmos y estilos flamencos. _3089269.jpgPoco a poco fue creciendo en el mundo de la danza, y en 1936 compone su primera coreografía, “El amor brujo”, con música de Falla. De vuelta a España, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, triunfa en Valladolid tras su debut en el Teatro Calderón, dando el salto a Madrid, actuando en el Teatro Español en 1943. Triunfó en la capital e inició recorrido con su danza española por el territorio nacional, por Europa y por América. En su trayecto por toda España, además de una incansable labor artística, lleva a cabo labor investigadora recogiendo numerosas danzas populares del país que incorpora a su baile. Destacan sus magníficos ballets “Sombrero de tres picos” o “Capricho español”. En 1955 crea “Mariemma el Ballet de España” convirtiéndose en una empresaria, figura internacional que recibe premios y reconocimientos. Uno de los lugares donde fue constantemente requerida como intérprete, coreógrafa o impartiendo cursos fue la Scala de Milán, trabajó junto a figuras como Von Karajan, en festivales como el de Salzburgo, en Pekín o en Teherán. Y entre sus muchas coreografías sobresalen ‘Ballet burlesco’, ‘Homenaje a Lope de Vega’, ‘Clásica y Gitana’, ‘Homenaje a Granados’, ‘Flamencos y boleros’, ‘El concierto de Aranjuez en versión de concierto para tres bailarinas’, etc., subrayando que muchas de sus composiciones figuran en los mejores programas de danza del mundo. Catedrática y directora en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y Danza, responsabilidad desde la que revolucionó el sistema pedagógico vigente, la propia Mariemma ha relatado su apasionante carrera en el libro “Mis caminos a través de la danza” con ilustraciones de Lilian Lees (Madrid, 1997). En Valladolid y en Madrid crea sendas escuelas de baile. Fallece, en 2005, a los 91 años. Su localidad natal le dedicó un museo con fondos que ella misma donó en 2002. Una carrera y una vida apabullante la de esta creadora, investigadora y pedagoga del mundo de la danza que desarrolla su carrera de bailarina y de empresaria en una España gris, pobre, con un Estado que reforzaba los rasgos fundamentales del sistema patriarcal, mujer-esposa-madre, subordinación al varón. Ella es un modelo que rompe el estándar de mujer sacrificada y obediente, una mujer libre que eligió mantenerse sola. _3089271.jpg_3089270.jpg_3089272.jpg _3089277.jpgPLAZA CARMEN FERREIRO: MUJERES DE LA “SALA DE ESTAR” A LA CARIDAD PÚBLICA Carmen Ferreiro y Francisca Quintanilla, otra calle del barrio de San Pedro Regalado, son los nombres de dos mujeres nacidas a finales del siglo XIX (1896 y 1889) fallecidas respectivamente en 1951 y 1952. Carmen Ferreiro parece que participó activamente en Cruz Roja y en la cofradía de las Angustias, su marido Arturo Moliner, como parte de la burguesía vallisoletana, fue promotor del barrio dentro del Patronato Diocesano de la Vivienda. Francisca Quintanilla, nacida en Vitoria, fue una de las personas que recogió y aportó dinero para crear el fondo social en el que colaboraron familias, empresas, comerciantes, cofradías y congregaciones, lo impulsaba el arzobispo Marcelo González y detrás estaba el ministro José Antonio Girón. Ambas mueren cuando se están construyendo las casas. Seguramente los nombres de las calles son un homenaje al hilo de fallecimientos inesperados. _3089279.jpg Carmen y Francisca nos dan pie para atisbar el papel de la Iglesia tras la Guerra Civil y de las mujeres de la burguesía decimonónica. La Iglesia, un modelo de organización autoritaria y jerárquica en que la mujer tenía, y tiene, una función subsidiaria, dio, no obstante, la posibilidad a muchas mujeres a través de Acción Católica, de tener una actuación pública a través de la parroquia, entrando en contacto con otra realidad social distinta de la familia. La actuación de ambas nos parece que seguía los ideales domésticos del siglo XIX de las mujeres privilegiadas, una forma de vida estructurada, tradicional e íntima, que les proporcionaba una vida segura, protegida, que las diera satisfacción dentro de la sala de estar. Fue desde estas salas de estar desde donde muchas mujeres proyectaron los valores domésticos mas allá del hogar, “llevar la casa” a la sociedad en general. Las pioneras sostenían que una mujer privilegiada tenía el deber de ser caritativa “el cuidado de los pobres es su profesión” y se aventuraron a las cárceles, las escuelas, los hospitales, las casas de pobres. Estos actos de caridad daban prestigio social y permitían ser aceptada como miembro de un grupo caritativo, un club social. Sin los esfuerzos de las mujeres caritativas los desposeídos casi nunca hubieran tenido nada, el estado no había asumido su responsabilidad en el bienestar social. Alguna de estas mujeres fue excepcional en su solidaridad por su empatía, su falta de clasismo y su sentido de la igualdad, pero la mayoría de las que trabajan activamente en la caridad, compartían las opiniones, los preceptos morales de la clase a la que pertenecían exigiendo conductas estrictas en las receptoras de la caridad. Las obras de caridad rara vez eliminaban las barreras sociales, pero sirvieron para convencer de que una mejor educación era vital para ellas y para las mujeres a las que intentaban ayudar. Volviendo a Valladolid a finales de los años 40 del siglo XX, su población emigrada vivía en condiciones lastimosas, se impulsaron estos polígonos con la finalidad de solucionar el hacinamiento de San Pedro y Santa Clara. Se construyó un tipo de casas que pretendieron ‘ir ambientando’ en el mundo urbano a la vez que se conservaban algunos modelos de construcción rural: bajas y con patio, alejadas del núcleo urbano, sin articularse con él. Las familias provenían del mundo rural, inmigrantes jóvenes, obreros sin cualificar y con bajo nivel cultural. Sus mujeres, insertas en el modelo patriarcal y sometidas a fuerte control social, desarrollan largas jornadas laborares y doble trabajo, fuera del hogar y en su interior a fin de sacar adelante a hermanos y a hijos. Combinaban los escasos recursos alimentarios y lavando, repasando y cosiendo ropas lograban extraer el máximo provecho de los reducidos salarios aportados mayoritariamente por los hombres. _3089283.jpg_3089284.jpg _3089287.jpgCALLE PRADO DE LA MAGDALENA. MARÍA MAGDALENA: DE LA ESTIRPE DE LAS PIONERAS De María Magdalena, hemos recibido una imagen de mujer sensual y pecadora. Las nuevas teólogas rompen el estereotipo vigente, apoyándose en investigaciones serias y recientes reivindican la importancia y el liderazgo de María Magdalena entre los seguidores de Jesús. Tanto en los evangelios canónigos como en los apócrifos, con fuerte sesgo patriarcal y androcéntrico, la ciudadana de Magdala figura como perteneciente al grupo de seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret que le acompañaba desde el comienzo del movimiento en Galilea. _3089235.jpg Quizás formara parte del colectivo de mujeres galileas que disponían de autonomía económica y se reunían para celebrar comidas comunitarias, realizar prácticas de curaciones y celebrar encuentros de reflexión teológica. Este movimiento se inscribía en las luchas emancipatorias contra la opresión política y patriarcal, y posibilitó, sin duda, el carácter igualitario del grupo de seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret. María Magdalena acompañó a Jesús en los momentos más difíciles de su vida pública. El momento más dramático fue el de su muerte por crucifixión, dolorosa y humillante, suplicio reservado a los delitos de carácter político o militar, María Magdalena le sigue hasta el final aún a riesgo de ser considerada cómplice. Otra prueba del reconocimiento del liderazgo de María Magdalena es su presentación como primera testigo de la resurrección, testimonio que le concedía una autoridad especial y la situaba en un lugar preferente en el movimiento de Jesús, ella se lo comunica a los demás discípulos, al ser mujer sus palabras no las consideran creíbles, ni relevantes. También en los evangelios apócrifos se han encontrado elementos que permiten reconstruir la figura de María Magdalena: existe como personaje. Se expresa con atrevimiento y osadía en un mundo real y simbólico dominado por varones. Es una persona preeminente entre los seguidores y seguidoras de Jesús, posee autoridad espiritual y ejerce un liderazgo en igualdad de condiciones con los discípulos. Es presentada como compañera íntima de Jesús, algunos discípulos varones protestan por esta cercanía y entran en conflicto por la fiabilidad de su testimonio. Aparece como consoladora y maestra de los demás discípulos. Es elogiada por su inteligencia superior. La teología feminista recurre a ella como fuente de autoridad y un punto de referencia para la puesta en marcha de un cristianismo alternativo, sin las discriminaciones de género que perviven en la mayoría de las Iglesias cristianas hoy. Se dice que María Magdalena es una figura para el mito y la leyenda, pero también un icono en la lucha por la emancipación de las mujeres, a la que apelan los movimientos feministas como referente irrenunciable en la construcción de una sociedad sin violencia, sin discriminación y sin desigualdad por razones de género. Para Tamayo María de Magdala responde al perfil de Ethel Smyth, personaje de una de las novelas de Virginia Woolf, a la que describe de esta guisa: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”. (Información elaborada por Begoña de Vicente)_3089290.jpg_3089294.jpg Algunas fuentes de los textos: -Ana Rodríguez-Fischer: “Rosa Chacel”. Valladolid, El Norte de Castilla, 1996 -Ángeles Caso: “Las olvidadas, una historia de mujeres creadoras”. Madrid, Círculo de Lectores, 2005 -Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinnsser: “Historia de las mujeres, una historia propia”. Barcelona, Crítica, 1991 -Mariemma: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/10/obituarios/1213093271.html -María Magdalena: http://www.redescristianas.net/2009/07/23/maria-magdalena-pionera-de-la-igualdadjuan-jose-tamayo-teologo/ -Jane Schaberg : “La resurrección de María Magdalena”. Estella, Verbo Divino, 2008) -José de Castro: “Retrato de Teresa Gil”. Valladolid, Ayuntamiento, 2010 -“Una historia de Valladolid”. Coord. Por Javier Burrieza. Valladolid, Ayuntamiento, 2005